martes, 4 de noviembre de 2025

¿Por qué algunos encuentran relajante ver programas de crímenes reales? Una mirada psicológica al fenómeno

Durante los últimos años, las series de true crime o crímenes reales se han convertido en un fenómeno global. Plataformas como Netflix, HBO o Prime Video lanzan constantemente documentales sobre asesinos en serie, como la reciente serie del asesino serial Ed Gein desapariciones y casos policiales que capturan millones de espectadores. Pero detrás de esta fascinación colectiva hay una pregunta inquietante: ¿por qué tantas personas eligen historias de violencia y tragedia para relajarse antes de dormir?

La psicóloga Dra. Thema Bryant, experta en trauma y salud mental, lanzó una advertencia que generó debate: si tu forma de desconectarte después de un largo día es mirar varios episodios de crímenes reales, tal vez no se trate solo de entretenimiento. Según ella, podría ser una señal de que el trauma —propio o ajeno— te resulta familiar.

“Si tu idea de relajarte antes de dormir es ver tres episodios de crímenes reales, te animaría a pensar: ¿por qué el trauma me resulta relajante?”, señaló Bryant.

¿Por qué algunos encuentran relajante ver programas de crímenes reales? Una mirada psicológica al fenómeno

Cuando el miedo se vuelve rutina

La popularidad del true crime no se explica únicamente por la curiosidad o el morbo. Muchos expertos coinciden en que este tipo de contenido activa una respuesta biológica ligada a la supervivencia: nuestro cerebro busca entender el peligro para evitarlo. Al observar historias reales de crímenes, nos sentimos, paradójicamente, seguros en la distancia.

Sin embargo, cuando este tipo de contenidos se consume con frecuencia o se asocia con momentos de descanso, puede indicar algo más profundo: la mente se ha acostumbrado a la presencia constante del trauma y del miedo. En otras palabras, el caos se vuelve un lugar conocido.

El trauma y su búsqueda de familiaridad

Las personas que han vivido experiencias difíciles —como violencia, abuso, abandono o situaciones caóticas en su infancia— pueden desarrollar una especie de tolerancia o atracción inconsciente hacia escenarios traumáticos.

No porque los disfruten, sino porque su sistema nervioso reconoce esa sensación de tensión. Ver series de crímenes reales puede activar el mismo patrón de alerta que vivieron en el pasado, y aunque parezca contradictorio, eso les genera una falsa sensación de control o normalidad.

La Dra. Bryant lo resume así: “Cuando creciste en un entorno donde el peligro, el caos o el sufrimiento eran comunes, el silencio y la calma pueden resultarte incómodos. El trauma no resuelto busca repetirse de formas que no siempre reconocemos”.

El papel del cerebro en esta adicción emocional

Desde una perspectiva neuropsicológica, mirar crímenes reales estimula la liberación de adrenalina y dopamina, neurotransmisores asociados tanto al miedo como al placer. Este cóctel químico mantiene la atención y puede generar una sensación de alivio una vez que el peligro “termina” al final del episodio.

Esa liberación posterior se parece a lo que experimenta el cuerpo tras un momento de estrés: el sistema nervioso se relaja, y el espectador lo confunde con una forma de descanso.

Pero en realidad, el cuerpo ha pasado por una montaña rusa emocional que no favorece la verdadera relajación ni el descanso reparador.

Cuando el entretenimiento oculta una herida

No todo el que disfruta del true crime tiene un trauma. Para muchos, se trata simplemente de interés por la psicología criminal o la justicia. Pero si este tipo de contenido se vuelve el único modo de desconectarse, o si las historias violentas provocan calma en lugar de tensión, puede ser una señal de alerta.

Mirar constantemente programas que recrean asesinatos, desapariciones o abuso puede desensibilizar las emociones, o peor aún, reactivar heridas no resueltas. En estos casos, la recomendación profesional es detenerse a reflexionar:

¿Qué me aporta este tipo de contenido?

¿Cómo me siento después de verlo?

¿Estoy usando el miedo ajeno para no enfrentar mi propio dolor?

Cómo identificar si necesitas ayuda

Si notas que el sufrimiento o la violencia ajena te resultan reconfortantes, o que sin ellos te cuesta relajarte, podría ser útil conversar con un profesional de la salud mental. La terapia no busca censurar tus gustos, sino entender qué emociones hay detrás de ellos.

La Dra. Bryant sugiere reemplazar ese tipo de contenido antes de dormir por actividades que realmente calmen el sistema nervioso: música suave, respiración consciente, escritura o incluso series ligeras que transmitan bienestar. Dormir después de procesar violencia no permite al cerebro descansar plenamente.

En resumen

Ver crímenes reales no te convierte automáticamente en alguien perturbado, pero si el trauma ajeno se siente como “hogar”, es momento de prestar atención. El cerebro y el cuerpo pueden confundir la familiaridad con la seguridad, pero no son lo mismo.

El verdadero descanso no proviene del miedo, sino de la paz.

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