El nombre de Jeffrey Epstein suele aparecer asociado al crimen, al abuso y al escándalo mediático. Sin embargo, desde la psicología —y en particular desde el psicoanálisis— es posible interrogar el caso más allá del juicio moral, sin por ello justificar ni minimizar los actos cometidos.
Este artículo propone una lectura psicoanalítica freudiana de carácter hipotético, formulada a partir de información pública disponible. No se trata de un diagnóstico, ni de un análisis clínico propiamente dicho, ya que este solo puede realizarse en el marco de la transferencia. El objetivo es pensar una posible organización psíquica, atendiendo a la lógica del goce, la repetición y la relación del sujeto con la ley y el otro.
Una organización pulsional compleja, no un mero desvío
Desde una perspectiva freudiana, los comportamientos reiterados y sistemáticos no se explican únicamente como “desviaciones” o “fallas morales”. El interés clínico se desplaza del acto aislado hacia la estructura que lo sostiene.
En el caso Epstein, lo relevante no es solo qué hizo, sino cómo y por qué lo repitió, bajo modalidades casi idénticas a lo largo del tiempo. Esto sugiere una organización pulsional estable, con mecanismos defensivos rígidos y una economía libidinal específica.
Sexualidad perversa y desmentida de la castración
En el psicoanálisis freudiano, la perversión no se define por el objeto sexual en sí, sino por la posición subjetiva frente a la ley y la castración. El mecanismo central es la Verleugnung (desmentida):
- El sujeto sabe que hay una prohibición, pero actúa como si no existiera.
- En este marco, pueden observarse ciertos ejes hipotéticos:
- Fijación a una sexualidad infantilizada, no como elección contingente, sino como núcleo estructural.
- Desmentida de la ley simbólica, sostenida en la fantasía de excepción.
- Predominio del placer ligado al poder y al control, más que al encuentro erótico.
La sexualidad aparece así desvinculada del lazo amoroso, funcionando como un dispositivo de dominio sobre el otro.
Narcisismo y reducción del otro a objeto
Otro elemento central es el narcisismo secundario hipertrofiado. En esta configuración:
- El otro no es reconocido como sujeto, sino reducido a objeto parcial.
- La libido se retira del vínculo y se reinvierte en el Yo.
- El goce proviene del sentimiento de omnipotencia, no del intercambio.
Desde esta lectura, la acumulación de dinero, influencias y relaciones de poder puede pensarse como una extensión narcisista del Yo, una defensa imaginaria frente a la castración y la falta.
La compulsión a la repetición y la pulsión de muerte
Uno de los aspectos más llamativos del caso es la repetición insistente del mismo guion:
- Misma franja etaria de las víctimas.
- Mismos rituales.
- Mismos mecanismos de captación y sometimiento.
Siguiendo Más allá del principio del placer, esto puede entenderse como una compulsión a la repetición: el sujeto no busca satisfacción, sino reiterar una escena fija.
Aquí se introduce la dimensión de la pulsión de muerte, entendida no como deseo consciente de autodestrucción, sino como un empuje a la descarga, incluso cuando el resultado es el propio deterioro o la exposición al castigo.
Un superyó que no prohíbe, sino que exige
Contrariamente a la idea de un sujeto “sin superyó”, lo que aparece es un superyó sádico e invertido:
- No prohíbe el goce, lo ordena.
- No genera culpa, empuja a la transgresión.
- El castigo no detiene la conducta, la intensifica.
- En esta lógica, el exceso no es un accidente, sino un mandato superyoico.
Ley, Edipo y fantasía de excepción
Desde Freud, la ley se inscribe a través del complejo de Edipo. En esta reconstrucción teórica, la relación con la ley parece organizada desde:
- La fantasía de excepción (“la ley no se aplica a mí”).
- La identificación con figuras de poder.
- El uso instrumental de la ley como algo manipulable.
Esto sugiere una inscripción fallida de la función paterna, no como límite simbólico, sino como algo a burlar o encarnar de forma tiránica.
Reflexión final
Desde una lectura psicoanalítica freudiana —insistimos, hipotética y no diagnóstica— el caso Epstein puede pensarse como la expresión de:
- Una organización perversa estable.
- Un narcisismo dominante.
- Una compulsión a la repetición ligada a la pulsión de muerte.
- Un superyó sádico que empuja al goce transgresor.
- Una desmentida sistemática de la castración y de la ley simbólica.
No se trata de un sujeto sin ley, sino de uno que goza en su transgresión, sosteniendo su economía psíquica a costa del otro. Esta lectura no busca explicar el horror, sino pensar su lógica, porque solo aquello que puede pensarse puede, eventualmente, prevenirse.
Si te gustó este análisis desde la psicología, te invotamos a leer el informe psicoanalítico de Ed Gein en nuestro blog De Psicología.










