¿Y si te dijeramos que, durante siglos, lo que hoy llamamos depresión, psicosis o esquizofrenia fue interpretado como una señal de posesión demoníaca, un castigo divino o incluso un mensaje de los muertos? Suena a película, pero durante gran parte de la historia humana, lo paranormal fue la explicación oficial de la enfermedad mental.
Y lo más impactante es que muchas de esas creencias no desaparecieron del todo… todavía hoy influyen en cómo algunas culturas perciben lo “psi” y lo “extraño”.
Antes de entender cómo la ciencia transformó para siempre la psiquiatría, vale la pena recorrer este viaje oscuro y fascinante en el que la mente y lo sobrenatural se mezclaban sin límites.
1. Cuando la locura tenía nombre de demonio
Durante miles de años, casi todas las culturas coincidieron en una idea:
si alguien actuaba de forma “extraña”, debía haber un espíritu adentro.
En el Antiguo Testamento, en los textos islámicos, en los escritos chinos, en relatos africanos y europeos, la explicación era la misma:
Voces = demonio.
Cambios bruscos de humor = castigo divino.
Alucinaciones = posesión.
La solución lógica, bajo esa mirada, también era espiritual: exorcismos, rituales de purificación, rezos, ayunos o aislamiento.
En algunas comunidades se creía que al expulsar al espíritu “molesto”, la persona recuperaría la cordura.
Lo más curioso es que esta idea no era marginal. Incluso dentro del cristianismo primitivo se hablaba de “expulsar demonios” para curar la locura. La figura de Jesús liberando a poseídos reforzó la idea de que la enfermedad mental no era del cuerpo… sino del más allá.
2. Grecia y Roma: un primer intento de explicación científica
No todo eran demonios.
Los griegos dieron un giro radical: la locura tenía causas físicas, no sobrenaturales.
Hipócrates y otros médicos creían que el cuerpo funcionaba según los famosos cuatro humores:
sangre
bilis negra
bilis amarilla
flema
Si se desequilibraban, aparecían estados como la melancolía (hoy diríamos depresión) o la manía.
Fue la primera vez que alguien dijo:
“La mente no está rota por espíritus, sino por el cuerpo.”
Sin embargo, esta mirada racional convivió con supersticiones. La ciencia daba un paso, pero lo paranormal seguía siendo la explicación favorita del pueblo.
3. Edad Media: reliquias milagrosas y el regreso de lo espiritual
Con el auge del cristianismo europeo, la interpretación sobrenatural volvió con más fuerza.
La gente viajaba kilómetros para tocar reliquias de santos, esperando curar tanto enfermedades físicas como trastornos mentales.
Las peregrinaciones a templos “milagrosos” eran comunes. Los monasterios guardaban huesos, telas o fragmentos de madera que supuestamente tenían poder para liberar a las personas de espíritus malignos o castigos divinos.
Mientras tanto, en el mundo árabe se mantenía la tradición griega del estudio racional: hospitales, observación clínica, tratamientos más humanos.
Occidente, en cambio, se movía entre religión y castigo.
4. Renacimiento e Ilustración: ciencia y fe empiezan a chocar
A medida que la ciencia crecía, surgió un debate profundo:
¿La locura era un asunto de médicos o sacerdotes?
Muchos doctores aceptaban que algunas “locuras” eran espirituales, pero otras eran corporales.
Los curas coincidían parcialmente, pero diferían en los límites.
Durante siglos, religión y medicina convivieron tensamente, como dos mundos destinados a chocar.
Finalmente, hacia el siglo XVIII, la balanza comenzó a inclinarse hacia lo médico.
Se empezó a pensar que la locura tenía las mismas raíces que cualquier otra enfermedad del cuerpo.
5. Cuando la medicina se volvió peligrosa: tratamientos extremos
El avance científico no significó humanidad.
Entre los siglos XIX y XX, muchos tratamientos “médicos” rozaban la tortura.
Algunos ejemplos reales:
Casi ahogarlos para curarlos
Se creía que una experiencia cercana a la muerte podía “reiniciar” la mente. Pacientes eran sumergidos en agua dentro de jaulas y sacados justo antes de ahogarse.
Girar hasta vomitar
Las sillas giratorias hacían rotar al paciente hasta que perdía el control del cuerpo. El objetivo era “sacudir” la locura.
La primera “tranquilizadora”: una silla de restricción total
Una especie de silla eléctrica sin electricidad: contención total, sin movimiento, sin estímulos, frío en la cabeza y calor en los pies.
La idea: “calmar la mente”.
Lobotomías y electroshock
A principios del siglo XX, muchos pacientes en asilos fueron sometidos a experimentos:
descargas eléctricas sin anestesia
extracción de partes del cerebro
intervenciones sin evidencia clínica
El motivo era trágico:
Se los veía “vivos pero sin derechos”, casi como cuerpos disponibles para probar lo que fuera.
6. Asilos: del sueño utópico al horror
Cuando aparecieron los primeros asilos en el siglo XIX, la idea era noble:
crear un espacio seguro donde el paciente pudiera recuperar la cordura con rutinas, calma y contención.
Pero la realidad fue otra.
El crecimiento de la población, la falta de recursos y los experimentos no regulados convirtieron muchos asilos en lugares de sufrimiento, hacinamiento y abandono.
Para mediados del siglo XX, las historias eran tan terribles que los gobiernos comenzaron a cerrarlos en masa.
7. El cierre de asilos y los nuevos desafíos
El problema es que el cierre no vino acompañado de suficiente atención comunitaria.
Muchas personas quedaron:
viviendo en la calle
dependiendo completamente de sus familias
sin acceso a tratamientos reales
Paradójicamente, esto hizo que algunos enfermos mentales estuvieran peor que antes.
Aun hoy, en muchos países, la atención en salud mental sigue siendo insuficiente, fragmentada o inaccesible.
8. ¿Cuánto hemos avanzado realmente?
Aunque ya no hablamos de demonios, la sombra de lo paranormal aún está presente. Hay culturas que todavía interpretan voces, delirios o trastornos como posesión o castigo espiritual.
Y la ciencia, aunque ha avanzado muchísimo, todavía lucha por comprender completamente las enfermedades más graves, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.
El viaje desde lo sobrenatural hasta la psiquiatría moderna ha sido largo, doloroso y sorprendente. Pero entender ese pasado nos ayuda a ver algo importante:
La salud mental siempre ha sido un reflejo de nuestras creencias, nuestros miedos y nuestra capacidad de empatía.
Y aunque hoy tenemos mejores herramientas, seguimos enfrentando el mismo desafío que nuestros antepasados: acompañar a quienes sufren y buscar respuestas más humanas y efectivas.





0 comentarios:
Publicar un comentario